Aunque la tecnología puede tener un impacto muy positivo si se usa de manera correcta en los centros escolares, la implementación de su uso trae consigo algunos retos a los que tienen que hacer frente. Una trasformación tan importante ha significado que, desde un aprendizaje basado en la memoria, hayamos pasado a un aprendizaje basado en las capacidades para buscar, analizar e interpretar correctamente la información y eso se traduce en algunas nuevas necesidades:
La necesidad de proporcionar
formación de calidad a los profesores para que puedan aprovechar los recursos
tecnológicos e incorporarlos en sus clases.
La importancia de que el
centro educativo cuente con una conexión a internet lo suficientemente buena
para poder ser usada por múltiples equipos y dispositivos al mismo tiempo. Así
evitaremos la frustración y las clases podrán ser ágiles y efectivas.
El importante desembolso
económico que tiene que hacer el centro para incorporar las nuevas tecnologías
en sus aulas también es un factor a importante considerar.
Es probable que nos
encontremos con algunas resistencias al cambio, sobre todo desde sectores más
conservadores o menos familiarizados con las nuevas tecnologías dentro del
personal del centro o entre los padres de los alumnos.
La introducción de la
tecnología en el aula implica la necesidad de aprender a trabajar en equipo y
de forma más colaborativa, algo a lo que los alumnos generalmente no están
acostumbrados y precisará de un tiempo de aprendizaje.
Al introducir la tecnología
en las aulas se hace necesario un cambio de paradigma, en los contenidos
programados y en los sistemas de evaluación, ya que será necesario adaptarlos a
la nueva realidad.
Así que, aunque las ventajas
de la introducción de la tecnología en las escuelas pueden ser importantes, es
importante que vayan acompañadas de los cambios necesarios para que tanto
alumnos como profesores puedan sacarle el máximo provecho.
En qué consiste el uso de la
tecnología para el aprendizaje
El aprendizaje con
tecnología consiste en emplear las tecnologías de información, así como
recursos tecnológicos, tanto tangibles como intangibles, en el proceso
educativo de niños y adolescentes.
Puntualmente, el término se
refiere a la educación formal dictada en institutos, escuelas primarias y
secundarias. Para ello, se adapta a los diferentes niveles que comprenden la
escuela, el bachillerato y la educación profesional.
En el aprendizaje
tecnológico intervienen recursos tangibles como ordenadores, tabletas y
teléfonos móviles. Así como también forman parte de ese entorno de aprendizaje
con tecnología los recursos intangibles, como, por ejemplo, aplicaciones,
software y conexión por internet.
Desde cuándo se habla de las
nuevas tecnologías en el ámbito educativo
A lo largo de la historia
del hombre, los recursos tecnológicos se han incorporado en los procesos
educativos. Para ejemplificarlo, ábacos, pizarrones, papelógrafos y radios han
sido empleados para mejorar el aprendizaje de las lecciones con recursos
visuales y auditivos.
Pero no es hasta la década
de 1980 que se acuña el término tecnología educativa. A partir de entonces
se puede hablar de un exponencial crecimiento en materia digital, llegando a
masificarse la producción de ordenadores y software que en un primer momento se
emplearía sobre todo en universidades e institutos tecnológicos.
En la década de 1990 esta
masificación llegó a tal punto que casi cualquier persona a mediados de la
década podía comprar un ordenador para tenerlo en casa. Y lo mismo ocurriría
con el software, el cual se diversificó en programas muy fáciles de usar por su
interfaz intuitiva. Programas como Power Point, Paint, Excel, Word se
popularizaron en el ámbito de la enseñanza para presentar trabajos en la
escuela.
Así como software de estudio
como la enciclopedia Encarta, que ofrecía recursos multimedia de diversas
materias. Con ellas se podía obtener conocimientos por videos y lecturas,
mientras que estos se podían practicar con juegos interactivos.
Uso de la tecnología en la
educación actualmente
La década del año 2000 hasta
nuestra época se vio marcada por una adaptación digital que masificó aún más el
acceso a los contenidos educativos. Por ello se habla de la democratización y
la autonomía digital, porque ya no s dependería únicamente de los recursos
ofrecidos por un maestro, sino de las modificaciones y mejoras de contenidos
que pudieren presentar los alumnos.
Además, es a partir de
inicios del siglo XXI que toma fuerza el término Tecnologías de Información y
Comunicación, TIC’s por sus siglas en inglés. Estas se han implementado a todo
nivel, no solo por los componentes físicos móviles y aplicaciones ligeras, sino
por la numerosa cantidad de información que puede ser compartida en diversas
plataformas de internet.
Desde entonces surge otro
término interesante, que es el aula digital o aula 2.0. Estos espacios físicos
en las escuelas hacen uso de tecnología para hacer más accesible el
conocimiento a los alumnos. Las pizarras interactivas y dispositivos móviles
son, básicamente, dos herramientas imprescindibles en cualquier salón de clases
en la actualidad.
Además de esos recursos
tecnológicos físicos, se cuenta con tecnología intangible. Por ejemplo, el
empleo constante de la conexión a internet y la colaboración en línea a través
de documentos compartidos en la nube, que facilitan el aprendizaje
colaborativo.
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